PRESENTACIÓN

Muchos días cuando voy hacia el trabajo de madrugada, y miro al Este, me sorprende el despertar del alba y me maravillo por el color de la mañana que es del cielo. Me digo que si lo pintase, se diría que había inventado las nubes, los pájaros, la luz y los colores. Si lo escribo, es para no olvidarlo.

Sigo mi camino, y cuando encuentro un paisaje que me agrada, me paro, lo enmarco fotográficamente, y comienzo a pintarlo con prisa sobre un papel, con la misma actitud de los niños cuando hacen una trastada, que se esconden. Si lo pinto, es para comunicarlo.

 

Siempre lo hago igual. Primero realizo un esbozo sobre papel, tomo una foto, y después termino la obra pintando en casa sobre el medio que me parece más conveniente.

 

Los amaneceres son buenos, pero me gustan más los atardeceres. Me refiero a la luz que se cuela rasante desde El Prado y a través de todos los huecos, llega a la ciudad de Vitoria y la llena de luz rojiza.

 

El ansia de belleza me acompaña toda la vida, allá donde voy. Amo la simetría y el color. Me hastía lo vulgar y complejo, con formas desordenadas. Busco la naturaleza que llena mis sentidos y deseo compartir este sentimiento.

 

¿Viste alguna vez tantas estrellas en una noche despejada de verano, tumbado en tu juventud en la hierba del monte y escuchando el sonido del bosque? ¿Observaste la gracia del movimiento de los animales y la belleza de los sonidos que emiten? ¡Cómo poder describirlo! ¿Quién sabe pintar la alegría que transmite la risa del ser amado que te acompaña? Pocos saben hacer revivir una escena, con el realismo del dibujo de unas figuras o un paisaje, sintiendo incluso que la lluvia que cae te salpique la cara. ¿Cómo se puede expresar la emoción que proporciona escuchar una música que te impacta? Cualquier medio resulta pobre para compartirlo, aunque existen maestros que hacen brotar los sentimientos más profundos. Existen pintores que representan un edificio que parece música petrificada, y un paisaje que es como una sinfonía congelada.

 

 Ya que no sé música y las palabras no fluyen de mis manos como uno desea, trataré de describir mis sensaciones con pinceles, poniendo colores en vez de notas, trazando formas para que sean ritmos y encendiendo luces como armónicos. Cuando pinto, quiero también escribir y hacer música. Si no logro, es por mi falta de habilidad. Las formas y perfiles cuando son curvas y oscuras hacen de notas graves, los ángulos vivos son notas agudas. La simetría es el ritmo, que es tan fácil de romper, y el timbre lo proporciona la mano del pintor y su buen hacer dando calidad a la materia. En la naturaleza, los silencios del campo son blancos.

 

La magia del momento te hace imaginar cosas que se llevan al lienzo, y con frecuencia borro lo que está fuera de lugar. En mis cuadros el cielo es lo más importante. Hay días en los que les pongo un color azul profundo, intenso, limpio, sin límite. Es mañanero y levanta el ánimo. Recuerda mis días de niño en la playa de La Concha, La Ciudad Jardín en verano.... y su visión llena de alegría y ganas de hacer cosas. Otros días pinto un cielo nubloso, complicado, luchando entre blancos y grises, que al atardecer se hace rojo. Su contemplación me llena de nostalgias y recuerdan lo difícil de la vida.

 

 

Ha pasado algún tiempo y contemplo mis cuadros. Veo en ellos la luz que no me da, oigo el ruido del río que no veo, escucho la lluvia que no me moja, siento el viento que no me agita. Hay tanto viento y movimiento en la pintura, que parece que todo está quieto o petrificado. Muchas veces hasta toco y huelo los cuadros, buscando revivir sensaciones. ¿Cómo pueden oler más a flores las pinturas que las propias flores? Un día llegué a creer que mis pinturas eran ventanas, y estaban abiertas a otra realidad a la que vivía. Lo que creo en la pintura es porque vive en el pensamiento, y al ver las pinturas terminadas revivo mis recuerdos, en otro tiempo y otro mundo. La vida pasada no es una chispa que se apaga fácilmente, y que pervive en la fantasía. Que el recuerdo no se olvida. Es más humana esa vida aunque no sea real.

 

Qué cosa rara invisible llevarán los cuadros que cada vez se miran parecen distintos. Recientemente viendo alguno de mis cuadros, hasta mi no llegaba el olor del monte en primavera, ni la brisa del sur que soplaba. Ni siquiera me molestaban los insectos alrededor. Nada es lo que parece. ¿Cómo puede un paisaje al que le puse tantos colores y tantos pájaros, volverse tan gris, tan quieto y vacío? ¿Miré a la vida por el lado equivocado de la ventana? Yo lo habría pintado mejor. Tengo que volver al mismo lugar, y esperar que pase lo que imaginé cuando pintaba. Antes, debiera viajar a algún lugar lejano, para empujar desde allá a los pájaros y así pudiera ver las bandadas volando en forma de delta, que había dibujado e imaginado, con tal de no ser decepcionado por una realidad. Pero mi mente no se desilusiona, porque se da cuenta que otra vez sigue un camino por el que no pasará nunca mi vida.